La leyenda del café

La historia del café es fascinante y a la vez misteriosa.

Se mezclan leyendas y realidades que nos explican el origen de su consumo, desde un punto de vista tanto religioso como pagano, que desembocó con el tiempo en intereses económicos que hicieron de su cultivo un afán de monopolio.

El relato que más ha destacado hasta nuestros días, en relación al descubrimiento del café, habla de cómo un joven pastor yemení, cuidando su rebaño de cabras, observó que estas se comportan de una forma distinta, saltando y brincando con energía, al ingerir los frutos rojos de una planta determinada.

Este, asombrado por tal efecto, se lo comentó al sacerdote de un convento, el cual hirvió esos frutos rojos y al probar la infusión cuyo sabor fue para él desagradable, arrojo el agua junto con las bayas al fuego, las cuales empezaron a tostarse y desprendían un aroma apetecible.  Entonces, a partir de ese momento tostó más granos e hizo el mismo proceso que inicialmente, hirviéndolos,  con la sorpresa de que el sabor era  totalmente distinto y en este caso “delicioso”.

Estas y otras muchas más leyendas de viajantes, curanderos …., siempre árabes, nos dan la clave de que el cafeto y su fruto tienen un origen arábico.
Hablando ya no de relatos, sino de realidad, tenemos el origen documentado del café en la región etíope de Kaffa,  en el siglo X d.c., que le atribuían propiedades curativas, ya que ayudaban según esa época a “curar la melancolía”

Dos siglos más tarde, sobre el año 1000,  una gran eminencia de la medicina árabe, comenta que el café fortifica los miembros, limpia el cutis, y da un olor excelente a todo el cuerpo.

El café se considero inicialmente una bebida religiosa, después un estimulante  que le proporcionaba vigor y fuerza a los guerreros, hasta que finalmente se convirtió en el siglo XVI, en la  bebida social fundamental del mundo árabe.

Hacia el año 1600 el café verde llega a Europa a través de Venecia y allí fue donde en 1645 se abrió el primer Café de Europa,  siendo seguida por Londres, Marsella, Paris y Viena en los años siguientes.

En España entró a través de Los Borbones, y la “Fonda de San Sebastián”, fue el primer café que se abrió en nuestro país en el año 1764, en la C/ Atocha de Madrid.

Desde Europa, se inicia un viaje del cafeto hacia Asia y América.  A Asia a través de Holanda, que llevo la planta a su colonia de Asia, a Java, donde se convertiría en la madre de todos los cafetos asiáticos.

Hacia América, la primera planta se llevo a la Isla de la Martinica, colonia Francesa, y se fue extendiendo sobre todo por la zona tropical, ya que se dieron cuenta de que el clima de esas zonas era el ideal para disfrutar de grandes cosechas.

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